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Jardín

JARDÍN JAPONÉS
Menos es más

 


En la arquitectura japonesa, el concepto de “menos es más” es aplicable en interiores y exteriores sin discriminación y en atención a la meditación en plena comunión con la naturaleza. De ahí que sus jardines representen el universo y estén concebidos para inspirar vitalidad y serenidad. Un jardín al puro estilo japonés no busca crear un espectáculo multicolor, sino que su única intención es proporcionar un espacio para la tranquilidad, el recogimiento y la meditación.

Por ello no es de extrañar que a diferencia de los jardines con tendencia occidental, en los que prima la idea de resaltar el color e inundarlo de flores, los jardines japoneses estén enfocados en dar belleza con elementos fríos y perennes.

Así, es fácil encontrar elementos poco comunes en un jardín occidental, como las flores marchitas y otros elementos vegetales como bambús, plantas de hojas perennes y árboles de hojas caducas como los arces. También podemos encontrar una gran variedad de helechos y musgo, que dan la sensación de frescura y humedad.

El uso de estos elementos se explica o justifica a través de una leyenda japonesa que reza que un maestro pidió a uno de sus pupilos que recogiera todas las hojas del jardín. Cuando el alumno terminó su tarea llamó a su tutor para que apreciara la limpieza del lugar. Para su sorpresa, el sabio tomó un puñado de hojas secas y las arrojó sobre las piedras en forma dispersa y expresó: “ahora el jardín está listo”.
Como se puede apreciar, para esta cultura oriental lo más importante al momento de “ambientar” un jardín, no estriba en guardar formas simétricas. De hecho, los japoneses favorecen el uso de las líneas curvas y ondulaciones y de la asimetría en sus espacios.
 
  Existen numerosos tipos de jardines japoneses, pero podemos dividirlos en tres grandes grupos: el de la casa de té (que incluye caminos de piedras rodeados de árboles, plantas y árboles); los jardines verdes (que pueden llegar a ser grandes como bosques y suelen rodear grandes mansiones), y los jardines secos (también llamados de piedras, que a través de grava y rocas diseminadas dan la sensación de movimiento).

Un jardín típico japonés puede incluir en forma simbólica o real cinco elementos: agua, una isla, un puente, una linterna de piedra y una casa de té o pabellón.

La razón de esto podemos encontrarla en un texto del siglo XI denominado “Sakuteiki”, que está considerado como el “Gran Manual de Jardinería Japonesa” y en el que su autor Tachibana Toshitsuna, dejó una serie de lineamientos para crear jardines que respeten y den vida a la auténtica filosofía japonesa basada en el Ying y el Yang (lo bueno y lo malo), conformando así espacios en completo equilibrio con la naturaleza.

De ahí que los mejores jardines “adornen” los templos sagrados y más representativos de la cultura japonesa, como los monasterios.